Vivir corriendo

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Hace aproximadamente un año,  un día cualquiera del fin de semana, sería comparable con la agenda de un ministro.

Me levantaría sobre las 8am, sacaría a mi perra, regresaría a casa, tomaría un café tras la ducha, y volvería a salir para hacer la compra. A eso del mediodía me estaría arreglando para irme a tomar un aperitivo con unos amigos, seguidamente comería en casa de mis padres a los que no habría podido ver durante la semana y corrieeeeeeeeendo volvería a casa para volver a sacar a mi perrita. A las 18 organizaría alguna quedada con mis amigos y debía estar entre 5 horas porque tenía que volver a sacar de nuevo a mi perra y me iría corriendo a dormir porque ya el domingo habría quedado a desayunar con otros amigos. y enlazaría un domingo lleno de planes…Conclusión llegaría el lunes agotada.

Hay personas que ante un fin de semana así asegurarían que es el fin de semana es perfecto, y estoy con ellos en que efectivamente a veces es genial ir de plan en plan, pero reconozco que por aquella época tener tantos tantos planes siempre lo habitual. Por no hablar que los días de diario, donde la agenda se multiplicaba con obligaciones, el ajetreo del día a día muy estresante.

Los días se me pasaban tan rápido que sentía que me faltaban horas para hacer todo lo que quería hacer, y me agobiaba que la vida fuera pasando tan rápido casi sin darme cuenta de lo que estaba viviendo. Vivía en el siguiente plan y disfrutaba poco de los planes en sí mismos.

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No sé si te sentirás identificado de alguna manera conmigo, pero cada vez más a menudo puedo ver a la gente corriendo de un lado a otro, levantándose muy pronto, yendo a trabajar, 8horas o más, volviendo a casa, si hay niños nos meteríamos en temas de recoger a los niños, extraescolares o deberes, duchas, quehaceres de casa, y si no hay niños, quizás trabajaríamos más horas, e intentemos ir a tomar algo, quedar con los amigos, trabajo, comida, revisar mis redes sociales, mi clase de Pilates, mis manualidades, sacar al perro, hacer la compra, intentar ver la serie de la que todos hablan, pero la vería en la cocina mientras hiciera la cena que, si no, no me daría el tiempo …Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh, jajaja, ¿no te has estresado leyendo todo esto? pues podría ser el día a día de mucha gente que conoces, incluso podría ser un día cualquiera en tu día.

En definitiva, tengo la sensación de que vivimos corriendo hasta que un día, nos quebramos.

Llega un día en el que la vida nos haga parar, puede que te de un chasquido el lumbago, o pillemos un fuerte resfriado, o incluso nos hagamos un tonto esquince que nos haga guardar reposo un par de semanas, y entonces podamos darnos cuenta de cosas.

Hace poco una conocida me comentó que estaba de baja porque le había dado un cólico a la vesícula, pero que cuando le hicieron las pruebas no tenía ni cálculos ni nada, pero lo análisis descubrieron unos niveles muy altos en sangre de Cortisol, por lo que directamente le dieron la baja.

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El cortisol es la hormona del estrés, que se libera de su corteza suprarrenal cada vez experimentamos estrés. Esta hormona en combinación con la Adrenalina nos ayuda en momentos donde necesitamos más azúcar en sangre para un momento de estrés o una situación donde debemos estar alerta. Es una hormona necesaria, la necesitamos para nuestra supervivencia, pero qué ocurre si vivimos en un estado de estrés permanente.

Cuando estamos estresados nuestro sistema de alerta está más despierto que nunca, los esfínteres suelen contraerse más, bebemos menos agua, orinamos menos, nuestro cerebro consume más glucosa y nuestro cuerpo es tan perfecto que es capaz hasta de retirarnos la menstruación en nosotras mujeres si nuestro cerebro reptiliano considera que la amenaza o que la situación lo requiere. El cortisol junto con la adrenalina y con la activación de la amígdala no dejan de producir hormonas, y eso provoca a la larga daños fisiológicos como ausencia de sueño, cefaleas, náuseas, hipertensión, etc…En definitiva aumenta la toxicidad de nuestro cuerpo.

Si nos hicieran un análisis para medir el nivel de cortisol en sangre muchos nos asustaríamos de nuestros valores.

Después de unos meses viviendo en esa rutina de vida, me di cuenta de un par de cosas, la primera que me había acostumbrado. El ser humano tenemos una capacidad de adaptación increíble si pensamos que es las cosas son así y no hay posibilidad de cambio, y la segunda, que no estaba disfrutando de nada. Me sentía cansada y cada lunes llegaba a la conclusión de debía parar, aunque luego no lo hacía.

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Desde el lado de vista psicológico, también es un aspecto importante. A veces el estar allí o allá, puede esconder algo más profundo, como una evasión de no querer ver la realidad, o la necesidad de estar con personas o haciendo planes, para no sentir la soledad tan grande que llena nuestras vidas y nos empeñamos en llenarla de cosas para no verlo.  En mi caso he de confesaros que fue una mezcla de ambas cosas, pero depende de cada uno investigar sobre ello.

Solo cuando la vida me obligó a parar, me di cuenta de que necesitaba cambiar cosas.. Me permití respetar el tiempo que mi cuerpo necesitaba para eliminar toda esa toxicidad, dormía mucho, tenía dolores de cabeza, me dolían las articulaciones, tomé conciencia de todo eso y empecé a cuidarme, a comer bien, a cuidar las horas de sueño, a respetar mis espacios para hacer yoga, empecé a hacer pequeñas meditaciones para aprender escuchar mis ritmos y establecí nuevos parámetros en mi vida. Me di cuenta que el tiempo no vuela, sino que camina, y que tenía una perra con la que salía a la calle, pero con la que no paseaba. Que no disfrutaba de los momentos, sino que solo los atravesaba pensando en lo siguiente que tenía que hacer.

Me costó romper con esa rutina de estar en mil sitios y a la vez en ninguno, y reconozco que a veces me tengo que recordar donde no quiero regresar, pero tras un período de desintoxicación, ahora si quedo por la mañana, la tarde la paso en casa, leyendo o disfrutando de un café o una lectura o simplemente acariciando a mi perro tumbada en mi sofá. No me obligo a salir, ni a quedar si no lo siento como un disfrute.

No quiero correr, quiero caminar viendo el paisaje y el descanso forma parte de ese paisaje. He establecido mi prioridad y mis tiempos, he aprendido a buscar mi identidad desde dentro y he aprendido a que no me pierdo nada tan importante si un día no salgo, o no estoy disponible para todos porque si no soy capaz de estar a solas conmigo, no seré capaz de dar calidad estando acompañada.

Esta sociedad nos propone aprovechar la vida, vivir deprisa para aprovechar el máximo todas las oportunidades, pero la vida solo te pide que seas feliz y que vivas en paz contigo mismo.

¿Sientes que la vida va corriendo mientras te esfuerzas en correr tras ella? ¿te has sentido como yo en algún momento de la vida? y si es así, ¿Cómo lo has gestionado? cómo siempre puedes dejarnos tus opinión sobre el libro o  sobre este post y recuerda que nos puedes seguir en Facebook https://www.facebook.com/respirayogamostoles y en Instagram respirayoga_mostoles y si quieres recibir las notificaciones de nuestro boletín mensual no dudes en escribirnos a info@respirayoga.es para añadirte en nuestro listado de suscriptores.

 

 

 

 

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